Antes no. Antes me consideraba igualitario. Lo hacía para intentar empezar la igualdad de géneros desde mí mismo. Para intentar normalizar esa equidad, haciendo una especie de reset. Un reset que incluyera suprimir el 8M. Un reset que era una auténtica utopía.
Tras unos años, decenas de experiencias y cientos de telenoticias exponiendo la triste la realidad, ya soy feminista. Y es que, prácticamente, cualquier situación cotidiana justifica la presencia del feminismo -que no igualitarismo- en nuestra sociedad. E incluso pide a gritos una mayor dosis de él. Sí, Bertín Osborne de turno, en los países árabes están peor. ¡Pero no seamos conformistas! Que allí estén mal, no significa que aquí no podamos mejorar. Si estamos en el 6, vayamos a por el 10. No nos conformemos con aumentar unos pocos kilos: equilibremos del todo la balanza.
El feminismo no es el contrario del machismo... pero sí que lucha contra él. Empezando por el vocabulario medieval que empleamos. Por ejemplo, si en una sala hay 99 mujeres y un solo hombre, la norma indica que, para hablar de dicho grupo de gente, debemos utilizar el ellos. Ni el ellas, ni el elles. Un machismo que también aparece cuando se da por hecho que un recién nacido usará como primer apellido el de su padre. Dos ejemplos que forman parte de la opresión.
El machismo es un auténtico efecto mariposa. De esos que tanto nos sorprenden, en el que una pieza de dominó empieza golpeando a sus homólogas, para acabar provocando que una pelota de golf entre en un hoyo. Esa primera pieza de dominó va a más... y el machismo, también. De un detalle, a una catástrofe. El machismo empieza por el lenguaje exclusivo y por el prácticamente obligatorio uso del apellido del padre. Luego, se traslada a internet. ¿Cuántas veces nos hemos topado en la red con algún chiste machista? "No pasa nada, es solo una broma y no va en serio", suelen decir sus autores.
Una broma que, como el cuento de la Caperucita Roja, va de generación en generación. Porque lo que a priori es un simple chiste en una cuenta de memes, acaba llegando a niños de, perfectamente, ocho años. Desde la tablet de sus padres, esos niños de tercero de primaria ya maman del machismo de los bromistas cavernícolas. Entonces, nacen, crecen... y desarrollan un machismo ya inevitable.
Un machismo inevitable que termina poseyendo a las bestias. Porque las bromas en internet se convierten en comentarios en clase. Porque llega el turno de juzgar a las chicas de su instituto por su aspecto físico. Los gusanos salen de su capullo para convertirse en capullos. Bromas, juicios... y luego llega el acoso. Un acoso verbal porque una chica les niega un beso en una fiesta, y un acoso físico porque otra les rechaza en la discoteca.
Y, finalmente, están los extremos. Que no por ser más extremos significa que se den menos. La punta del iceberg machista se basa en violaciones y, luego, asesinatos. Y no, esto no son casos aislados. Estoy seguro de que todo hombre que haya cometido un feminicidio, ha seguido el proceso que he expuesto. Bromas, juicios en clase, acosos verbales, acosos físicos, violaciones y feminicidios. Las consecuencias son que hayamos perdido la cuenta de la cantidad de mujeres asesinadas tras simplemente haber salido solas a la calle.
Entonces, dicho esto, ¿seguro que tú sigues sin querer ser feminista?
Yo no. He llegado a un punto en el cual ya me da igual cualquier intento de racionalismo. Ya está, se acabó la tontería del igualitarismo. Hay otras prioridades, más urgentes. ¿Queremos seguir siendo cómplices de una barbarie tan devastadora como es el machismo? ¿O empezaremos a dejar a los machistas en minoría para, algún día, acabar con ellos?
Y que conste que estoy dejando de lado toda la parte de los derechos laborales que también reclama el feminismo. Imagínense si tiene trabajo. Mucho trabajo, que no se hará solo, y que debe realizarse lo antes posible. Para que nuestras hijas tengan más paz que la que tienen las mujeres de hoy. Para que vivan con una preocupación menos. Y yo me quiero sumar a esa lucha.
Una lucha que nos incumbe a todos los hombres. Porque muchos son los hombres que acaparan los cargos políticos y empresariales más importantes. Como también muchos son los hombres que agreden y maltratan a las mujeres; muchos son los que hacen bromas sobre mujeres; muchos son los cómplices; y, en definitiva, muchos son los hombres que participan en el proceso que he expuesto.
Contribuyamos. Respetémoslas y apoyémoslas. Convenzámonos y eduquémonos los unos a los otros. No permitamos más chistes sobre mujeres. Cortemos el problema de raíz. No creemos más machistas. El feminismo será necesario mientras el machismo oprima y perjudique a las mujeres. Y, desafortunadamente, hay machismo para rato. Pero depende de nosotros y nosotras erradicarlo. Dejemos el pasivismo del igualitarismo y adoptemos el activismo del feminismo. Yo, ahora, sí que soy feminista. ¿Y tú?
Tras unos años, decenas de experiencias y cientos de telenoticias exponiendo la triste la realidad, ya soy feminista. Y es que, prácticamente, cualquier situación cotidiana justifica la presencia del feminismo -que no igualitarismo- en nuestra sociedad. E incluso pide a gritos una mayor dosis de él. Sí, Bertín Osborne de turno, en los países árabes están peor. ¡Pero no seamos conformistas! Que allí estén mal, no significa que aquí no podamos mejorar. Si estamos en el 6, vayamos a por el 10. No nos conformemos con aumentar unos pocos kilos: equilibremos del todo la balanza.
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| Pancarta en la concentración contra la violencia machista convocada por la Plataforma 7N (Javier López, EFE) |
El feminismo no es el contrario del machismo... pero sí que lucha contra él. Empezando por el vocabulario medieval que empleamos. Por ejemplo, si en una sala hay 99 mujeres y un solo hombre, la norma indica que, para hablar de dicho grupo de gente, debemos utilizar el ellos. Ni el ellas, ni el elles. Un machismo que también aparece cuando se da por hecho que un recién nacido usará como primer apellido el de su padre. Dos ejemplos que forman parte de la opresión.
El machismo es un auténtico efecto mariposa. De esos que tanto nos sorprenden, en el que una pieza de dominó empieza golpeando a sus homólogas, para acabar provocando que una pelota de golf entre en un hoyo. Esa primera pieza de dominó va a más... y el machismo, también. De un detalle, a una catástrofe. El machismo empieza por el lenguaje exclusivo y por el prácticamente obligatorio uso del apellido del padre. Luego, se traslada a internet. ¿Cuántas veces nos hemos topado en la red con algún chiste machista? "No pasa nada, es solo una broma y no va en serio", suelen decir sus autores.
Una broma que, como el cuento de la Caperucita Roja, va de generación en generación. Porque lo que a priori es un simple chiste en una cuenta de memes, acaba llegando a niños de, perfectamente, ocho años. Desde la tablet de sus padres, esos niños de tercero de primaria ya maman del machismo de los bromistas cavernícolas. Entonces, nacen, crecen... y desarrollan un machismo ya inevitable.
Un machismo inevitable que termina poseyendo a las bestias. Porque las bromas en internet se convierten en comentarios en clase. Porque llega el turno de juzgar a las chicas de su instituto por su aspecto físico. Los gusanos salen de su capullo para convertirse en capullos. Bromas, juicios... y luego llega el acoso. Un acoso verbal porque una chica les niega un beso en una fiesta, y un acoso físico porque otra les rechaza en la discoteca.
Y, finalmente, están los extremos. Que no por ser más extremos significa que se den menos. La punta del iceberg machista se basa en violaciones y, luego, asesinatos. Y no, esto no son casos aislados. Estoy seguro de que todo hombre que haya cometido un feminicidio, ha seguido el proceso que he expuesto. Bromas, juicios en clase, acosos verbales, acosos físicos, violaciones y feminicidios. Las consecuencias son que hayamos perdido la cuenta de la cantidad de mujeres asesinadas tras simplemente haber salido solas a la calle.
Entonces, dicho esto, ¿seguro que tú sigues sin querer ser feminista?
Yo no. He llegado a un punto en el cual ya me da igual cualquier intento de racionalismo. Ya está, se acabó la tontería del igualitarismo. Hay otras prioridades, más urgentes. ¿Queremos seguir siendo cómplices de una barbarie tan devastadora como es el machismo? ¿O empezaremos a dejar a los machistas en minoría para, algún día, acabar con ellos?
Y que conste que estoy dejando de lado toda la parte de los derechos laborales que también reclama el feminismo. Imagínense si tiene trabajo. Mucho trabajo, que no se hará solo, y que debe realizarse lo antes posible. Para que nuestras hijas tengan más paz que la que tienen las mujeres de hoy. Para que vivan con una preocupación menos. Y yo me quiero sumar a esa lucha.
Una lucha que nos incumbe a todos los hombres. Porque muchos son los hombres que acaparan los cargos políticos y empresariales más importantes. Como también muchos son los hombres que agreden y maltratan a las mujeres; muchos son los que hacen bromas sobre mujeres; muchos son los cómplices; y, en definitiva, muchos son los hombres que participan en el proceso que he expuesto.
Contribuyamos. Respetémoslas y apoyémoslas. Convenzámonos y eduquémonos los unos a los otros. No permitamos más chistes sobre mujeres. Cortemos el problema de raíz. No creemos más machistas. El feminismo será necesario mientras el machismo oprima y perjudique a las mujeres. Y, desafortunadamente, hay machismo para rato. Pero depende de nosotros y nosotras erradicarlo. Dejemos el pasivismo del igualitarismo y adoptemos el activismo del feminismo. Yo, ahora, sí que soy feminista. ¿Y tú?
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| Pensamiento demasiado ambicioso y poco realista que tenía yo hasta hace poco |


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