Recuerdo perfectamente mi sensación en el pre-partido del Atleti-Barça de la vuelta de la Liga 2016/2017. Era un Barça sumido en una anarquía pasmosa. No había orden. El equipo se partía con una MSN que no sumaba en defensa. Había poca creación en un mediocampo formado por Iniesta, Rakitic y Busquets, con las alternativas de Sergi Roberto y André Gomes. Y lo más importante: el Barça había dejado de ser aquel equipo fiable de antaño para ser una escuadra anárquica.
Esas sensaciones se prolongaron en ese partido, porque el Barcelona se lo llevó como el padre que compra el regalo de Navidad a su hijo el mismo 24 de diciembre, faltando 10 minutos para que la tienda cierre. Una auténtica lotería, un ejercicio de sangre y sudor, pero con la ventaja de contar con Messi, que metió el definitivo 1-2 en el minuto 86.
Ayer, contra el Villarreal, he tenido un flashback de ese día. Hay que recordar, eso sí, las circunstancias: partido entre semana, tres días después de otro partido, un día después de la gala del The Best, cuatro días antes de otro partido… por ello, entre otras cosas, las rotaciones llamaban a la puerta y, por lo tanto, de Jong se tomó un respiro, en el banquillo. Los de Valverde empezaron como un tiro, con una efectividad tremenda. 2-0 en el minuto 15, con dos golazos de los que no están acostumbrados a anotar en Can Barça (de córner y de fuera del área) y vislumbrando lo que iba a ser la tercera fiesta consecutiva en casa.
![]() |
| Luis Enrique y Ernesto Valverde se saludan en San Mamés (Luis Tejido / EFE) |
Dejarse llevar
Pero primero se relajaron, recibiendo así el golazo de Cazorla, y posteriormente se dejaron llevar. Y esto de dejarse llevar es exactamente lo mismo que acostumbraba a hacer el Barça en la última temporada de Luis Enrique. Ese Atleti-Barça, pero también contra la Juve, contra el PSG, contra el Madrid en el recordado 2-3… y más recientemente, indicios de esas pérdidas de control con el partido de Anfield o incluso en el 5-1 al Madrid, cuando había un solo gol de ventaja, o en el 0-3 ante el mismo rival, con las tantas jugadas de Vinicius.
El equilibrio y la fiabilidad que han caracterizado al Barça de Valverde a lo largo de muchos partidos (con ese 4-4-2 típico del principio), es lo que empieza a echar de menos la afición azulgrana. Era la principal seña de identidad. Un equipo rocoso, que en la fase de grupos de la Champions 2017/2018 encajó un solo gol, pero que parece seguir sacudido por el síndrome de Anfield.
El equilibrio y la fiabilidad que han caracterizado al Barça de Valverde a lo largo de muchos partidos (con ese 4-4-2 típico del principio), es lo que empieza a echar de menos la afición azulgrana. Era la principal seña de identidad. Un equipo rocoso, que en la fase de grupos de la Champions 2017/2018 encajó un solo gol, pero que parece seguir sacudido por el síndrome de Anfield.
No es casualidad que el Barça sea el equipo más goleado de la Liga (10 goles en 6 jornadas, igual que Villarreal y Betis), aunque también es el equipo más goleador con 14. Números que recuerdan a la misma temporada 2016/2017, donde en la Liga el Barça fue el equipo más goleador (116 goles) pero acabó casi a gol encajado por partido (37 goles). En cambio, en la primera Liga de Luis Enrique se recibieron tan solo 21 goles (2 con la Liga ya ganada), y en la primera de Valverde, 29 (7 de ellos con la Liga ya ganada). Volviendo a esta temporada, si repasamos otros partidos, vemos cómo en Granada tampoco había un guión de lo que había que hacer. Ni en Dortmund. Ni en Pamplona. Daba la sensación de que cada uno iba por libre, que no hay el bloque que había en otras temporadas.
Y volviendo al de hoy, especialmente se dio esa agitación de la que hablo entre el minuto 50 y el 70. Tras dos jugadas hermosas del recién regresado Dembélé, el Barça pidió dejar de votar para recuperar la anarquía. Arthur fue un fantasma del jugador todocampista que vimos durante el primer tiempo, Sergi Roberto tuvo un papel testimonial y Busquets parecía necesitar una ayuda, por ejemplo, de Rakitic. Y para más inri, con Messi fuera de combate tras el descanso, faltaba alguien que tuviera la iniciativa. Faltaba un líder dentro de esa anarquía. Alguien que busque el balón, que transmitiera paciencia, que ordenara al equipo. Seguramente los centrocampistas también necesiten una mayor aportación defensiva de los Griezmann, Messi y Suárez.
La entrada de de Jong
La entrada de de Jong
Para suerte del Txingurri, estaba la bala del mencionado de Jong. Mejor tarde que nunca, que se dice, y el holandés ingresó al terreno de juego para intentar disipar cualquier intento de empate del Submarino Amarillo. Después de las incontables jugadas de peligro del Villarreal, el ex ajacied levantó la mano para controlar el balón y aparecer en todas partes. Por momentos, fue una bombona de aire para unos compañeros que aún se tienen que amoldar a él y comprender mejor sus movimientos e intenciones. Y en medio de la tormenta, Ansu Fati puso la guinda de la ilusión.
Sí, tormenta, porque en algunos instantes se siguió dando esa anarquía aún con de Jong en el césped. Vuelve la anarquía en el Barça paralelamente al nacimiento de un posible centro del campo de época. ¿Serán los de Jong, Arthur y Busquets capaces de monopolizar poco a poco el balón? ¿O incluso con su presencia seguirá el equipo a la deriva? ¿Hay que volver al 4-4-2, dando entrada a Rakitic o a Vidal? Porque hoy, volviendo a esas circunstancias mencionadas, se puede llegar a entender el desorden, pero no imagino un Barça yendo a remolque en un Clásico o en unas semifinales de Champions con jugadores de semejante talla. Porque ya ha quedado claro que no es la mejor idea, y si no que se lo pregunten a los aficionados que viajaron a Liverpool el pasado 7 de mayo.
El apunte
El primer gran partido de la era Valverde fue el Real Madrid 0-3 FC Barcelona (2017-2018). La alineación del Barça fue formada por Ter Stegen; Jordi Alba, Vermaelen, Piqué, Sergi Roberto; Busquets, Rakitic, Paulinho, Iniesta; Messi y Suárez. Ante la baja de Dembélé por lesión, Valverde optaba por ese centro del campo. La creatividad de Iniesta, el equilibrio de Busquets y el trabajo de Rakitic y Paulinho. ¿Y si el actual centro del campo 'de gala', formado por Busquets, de Jong y Arthur, necesita ese Paulinho o Rakitic del partido mencionado para no sufrir tanto sin balón?
![]() |
| Griezmann se lamenta (Getty Images) |
El apunte
El primer gran partido de la era Valverde fue el Real Madrid 0-3 FC Barcelona (2017-2018). La alineación del Barça fue formada por Ter Stegen; Jordi Alba, Vermaelen, Piqué, Sergi Roberto; Busquets, Rakitic, Paulinho, Iniesta; Messi y Suárez. Ante la baja de Dembélé por lesión, Valverde optaba por ese centro del campo. La creatividad de Iniesta, el equilibrio de Busquets y el trabajo de Rakitic y Paulinho. ¿Y si el actual centro del campo 'de gala', formado por Busquets, de Jong y Arthur, necesita ese Paulinho o Rakitic del partido mencionado para no sufrir tanto sin balón?


Comentarios
Publicar un comentario