Votar es como elegir pizza

Me cuesta muchísimo elegir pizza. Sea en un buen restaurante, en el Telepizza o Dominos o desde casa, suele ser un momento que requiere mucha concentración. Me pongo a leer la carta, y todo va bien: tomate, queso, jamón, olivas negras... hasta que la verdura de turno lo arruina todo. Unos pimientos rojos, por ejemplo, que contrarrestan todos los ingredientes tan buenos y hacen de esa pizza un plato poco apetecible.

Lo mismo me ocurre en la política. Ante mis primeras elecciones generales -segundas elecciones, tras las catalanas del 21D-, estoy como el Gabriel al que le cuesta encontrar la pizza perfecta. Miro los debates, miro las noticias y me fijo en los partidos que hay y no hay ninguno que cumpla con todo lo que yo espero del partido que debe gobernar mi país los próximos cuatro años. En definitiva, votar es como elegir pizza.

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Debates a cuatro

Hablando de debates, en lo que no encuentro complicaciones es a la hora de optar por quién lo hizo mejor. Pablo Iglesias tiene tablas, se nota que disfruta de su profesión y de dialogar. Dominó ambas jornadas. Y seguramente ganó todos los votos que hipotéticamente había perdido en los meses previos (así lo decían las encuestas), merced problemas como la ruptura con Errejón y su posterior inestabilidad.

Fue inteligente, usando el recurso de la Constitución y por lo tanto ganándose el respeto de los que la apoyan firmemente y generando apego entre aquellos que no están a favor de las cosas que dice este documento y que por lo tanto se lo habrán tomado a modo de sátira. Iglesias la ha usado para demostrar que se suele citar solo cuando se habla del no a la celebración de un referéndum legal en Cataluña.

Por su parte, Sánchez se tomó los debates como aquel equipo que defiende un 1-0 en el minuto 80 de juego. No quiso que pase absolutamente nada: tenía muchísimo que perder y poco que ganar (una mayoría absoluta muy improbable). Una legislatura de diez meses bastante óptima hacían que en las mismas encuestas se augure un buen resultado socialista. No se mojó en prácticamente nada, de hecho casi omite a la cuestión de Iglesias sobre si pactaría con Ciudadanos. Pues bien, le costó responder pero finalmente dijo que "no está en mis planes". Porque de esta intención depende mucho la decisión de los votantes más izquierdistas del PSOE, y Sánchez no los quiere perder a pesar de, hasta el otro día, mirar de reojo a Ciudadanos. Poco convincente estuvo, aquí y en general.

Casado estuvo un poco moderado a la par que serio. Con tantos casos de corrupción del PP cargados en su espalda y con una controvertida legislatura de Rajoy, Casado dedicó su discurso a desacreditar al PSOE y poco más. La seriedad que menciono creo que será clave para que los ciudadanos españoles de derechas se decanten por el voto popular.

¿Por qué? Porque tuvo toda la seriedad de la que careció Rivera. Un Rivera exaltado, sobreactuado, que se tomó el debate pensando en un tipo de gente que se guía más por la simpatía de los políticos que por otra cosa. Rivera me hizo pensar en que sería genial que TVE dedicara un programa semanal a un debate entre los cuatro. Al fin y al cabo me hizo reír mucho. Sin embargo, a lo que política se refiere, me generó dudas al centrar su discurso en Sánchez y el independentismo. Seguramente repitió las palabras "golpistas" y "separatistas" más de diez veces. Un separatismo que dudo que interese a un gallego o una andaluza. ¿No les preocupará más sus impuestos que la política catalana? Porque no, España no se rompería en caso de independencia, como tampoco lo hubiese hecho el Reino Unido sin Escocia. Pero lo interpreto como una estrategia de convertir a los independentistas en enemigos para ser ellos los héroes. Como ocurre en las películas cuando empatizas con Spiderman en una lucha ante el Duende Verde, Ciudadanos y los partidos de derechas están logrando con mucha gente esa misma empatía. En fin, a diferencia de Podemos, creo que Ciudadanos ha salido perdiendo de los debates respecto a los indecisos e incluso aquellas y aquellos que tenían decidido votar al partido naranja y seguramente se lo plantearán.

Agresividad política

En esta campaña electoral me ha quedado claro que en la política ya no hay Pasquales Maragalls. Yo era pequeño cuando gobernó en Cataluña, pero no me suena que haya protagonizado ninguna discusión con sus rivales políticos. La política es cada vez más un ring de boxeo y menos un espacio donde proponer y debatir. Prácticamente se habla más de másters y tesis doctorales que de otra cosa. La agresividad está haciendo cada vez más acto de presencia. A un lazo amarillo totalmente legal y que forma parte de la libertad de expresión, se le responde quitándolo. A una pregunta de "¿qué es lo primero qué harías respecto a Cataluña?", se le responde "aplicar el 155". A la Constitución de Iglesias en el debate de TVE, se le responde en el de TV3 y en Twitter preguntando si han leído el artículo que habla de España como "una e indivisible". Y así mil ejemplos que no fomentan el progreso sino al estancamiento. 

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Me preocupa que esté mal visto que un presidente de España y uno de Cataluña se reúnan. Parece que se pretende reducir la democracia. Como también me llama la atención esta negativa que se atribuye al movimiento independentista catalán. Más allá de haberse declarado la independencia de aquella manera en Cataluña hace dos años, considero que es un movimiento tan legal como pacífico. Con excepciones, sí, pero benditas excepciones. Entre una excepción independentista catalana como son unos disturbios en las carreteras por parte de los CDR y una excepción independentista vasca como es un atentado por parte de ETA, ¿con cuál se quedarán Casado y Rivera?

Para más inri, hablamos de un movimiento que abarca prácticamente a la mitad de una comunidad autónoma. Es decir, Rivera y Casado no solo están pasando por alto la voluntad de más de dos millones de personas sino que la pintan como una ideología prohibida y nefasta. Porque ya no digo que pacten un referéndum en caso de ganar las elecciones, sino que no deslegitimicen el movimiento. Tener en cuenta casi la mitad de catalanes es para ellos romper España. Y no solo el independentismo, también el nacionalismo. Para los partidos de derechas, ser nacionalista es malo. Y yo me pregunto qué sienten ellos por España. Pero ellos sabrán. Y todos nosotros, en los colegios electorales, también.

Alternativas

También me gustaría hablar de la irrupción de Vox. Opino que el principal motivo de su hipotético éxito en las elecciones es el sentimiento de pertenencia. A todos nos gusta pertenecer a algo. A unos a la fandom de Harry Potter, a otros a la afición del FC Barcelona... y, sin duda, el partido que probablemente más invita a formar parte de algo real es Vox. Abascal y compañía han usado la misma estrategia que he mencionado de los partidos de derechas: como una película con muchos enemigos que quieren atentar contra España y donde la solución es votar, en este caso, a Vox. Seguramente mucha gente que había perdido la esperanza en la política y que por consiguiente no acudían a votar, ahora lo harán con el partido verde. También ayuda la campaña que han llevado, bastante inteligente. No han concedido prácticamente ninguna entrevista, porque cuanto más se les conozca en campos que desean ocultar, peor. En cambio, han dado infinidad de mítines respondiendo a sus propias preguntas y han llevado una tremenda campaña en las redes sociales que los han llevado a ser el partido más seguido de todos.

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Al otro lado del río están los partidos independentistas. Entiendo que estas elecciones se las toman exclusivamente para sacar el máximo número de votos con el objetivo de lograr un referéndum pactado. Pero espero que algún día presenten propuestas que vayan más allá de cuestiones como la de crear una banca catalana. Resolver problemas que afectan a todos. Unos hablan demasiado de contrarrestar el independentismo y los otros demasiado de ella en si. Y en medio del bocadillo los demás problemas. Nos esperan unas comparecencias muy interesantes en el Congreso de los Diputados, con figuras como Rufián o Abascal. En política no sé qué va a pasar: en entretenimiento saldremos ganando todos.

Al fin y al cabo las imperfecciones también hacen de la política y de la vida en general algo interesante. Si llegara un partido y lo resolviera todo, ya no tendríamos de qué hablar. Pero en cuanto a problemas como la violencia machista y los abusos sexuales o, por qué no, una justicia que encarcela sin juicio y que absuelve a los dos años, hay mucho que cambiar urgentemente. En el debate Casado llegó a hablar de que las mujeres deben tener un empleo para intentar evitar situaciones de machismo en casa, como si esa fuera la solución. Eso y poco más fue lo que se comentó sobre un problema que me preocupa tanto como la abundancia con la que se produce.

Como decía al principio, no existe la pizza perfecta. Por ello, el 28 de abril voy a optar por la pizza de la cual tenga que apartar menos ingredientes, y si cae algún pimiento, es lo que hay. Puede pasar de todo: o un triunfo histórico de la derecha junto a la ultraderecha, o un triunfo a secas sin la última o un fracaso de los dos -o tres- partidos, tras pedir a viva voz estas elecciones con el famoso adjetivo de okupa hacia Sánchez. Pero bueno, a pesar de la variedad que hay después de años de bipartidismo, no estamos para ser exquisitos a la hora de mirar la carta, sino para votar lo que mejor se adecua a nuestras pretensiones, o directamente al mal menor.


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