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| Messi felicita a Suárez tras el primer gol (Lluis Gené / AFP) |
Y así fue. El Barça, una vez más, se dejó llevar. No es que fuera a la deriva, es que nadaba detrás del crucero del Inter a la velocidad que el equipo italiano quería. Un calco del naufragio de Anfield. Una película que hemos visto ya muchas veces. La poca presencia de Frenkie de Jong personificó esa manera de jugar, y el precario juego de Griezmann la caracterizó. Durante mucho rato, coincidiendo con cuando jugó como interior, el holandés no pudo imponer su juego. Y el francés aportó entre poco y nada.
Un Griezmann que de momento, para los que vemos las funciones desde los asientos y no en el backstage, parece no entrar en la dinámica del ya popular 'club de los amigos'. A lo largo de la última semana no ha habido noticiero deportivo que omitiera hablar de la toma de poder del núcleo del vestuario culé. Un grupo en el que uno se imagina que entran Messi, Suárez, Jordi Alba, Piqué, Busquets o Vidal. Los pesos pesados. Griezmann no entraría en esa terna, aunque de momento parece prescindible en ella a ojos de un resultadista.
Porque el club de los amigos solventó el partido de manera increíble. Y muchos otros. Es lo que pasa cuando el rival no está acertado y tú tienes a jugadores de esta talla. Sin embargo, el riesgo de confiar en esta táctica y renunciar a un plan de juego ordenado desde el primer minuto, es que después pasa lo que pasa. 4-0 del Liverpool y 3-0 de la Roma, dos resultados dolorosos y devastadores que empañan una etapa de Valverde sumida en el club de los amigos.
Son los ganadores de dos ligas y una copa, los responsables de tres goleadas al Madrid y los artífices de muchas alegrías. La del miércoles, con un doblete de Suárez y con asistencias de Vidal y Messi, fue la victoria de los amigos. Y quizás nos tendremos que acostumbrar a ellas y aceptarlas definitivamente.
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