Creyentes a tiempo parcial

Somos unos ventajistas. Siempre tendemos a velar más por nuestros intereses que por los demás. Lo haces tú, lo hago yo, y lo hizo Rose en la película Titanic. El ventajismo no entiende de santos. Para lograr nuestros objetivos, somos capaces de olvidar, en menor o mayor medida, a familiares, a amigos y a no tan amigos. Pero, con el tiempo, me he dado cuenta que Dios también sale perdiendo de estos continuos dilemas. 


Baúl del Castillo: El príncipe de Egipto, de Brenda Chapman, Steve ...
Escena de la película 'El príncipe de Egipto', en la que Moisés se comunica con Dios, que adopta la forma de una zarza ardiente

Dios será eternamente perjudicado. O al menos, hasta que alguien sea capaz de evidenciar o desmentir su existencia. Y es que ¿cuántas veces nos hemos encomendado a Dios a pesar de no ser creyentes y, por lo tanto, de negar su existencia? Llámalo Dios, o llámalo como quieras. De hecho, las mismas religiones judía y cristiana han concebido a Dios con distintas apariencias. Y es exactamente lo que nosotros realizamos con la fe.

No me podrás negar que en alguna ocasión has confiado en algo. Un elemento paranormal que seguramente habrás creado en tu mente. Cuando esperabas el resultado de un examen, cuando deseabas que el jugador estrella de tu equipo metiera el penalti en el último minuto o tras hacer tu primera entrevista de trabajo. En alguna ocasión has dejado de lado toda racionalidad y te has dejado llevar por lo que dicta la tradición humana.


Un elemento paranormal que, como decía, no tiene por qué ser Dios. Hablo de fe. Hablo de salirse del guión científico. Hablo de cuando uno cruza los dedos para intentar recibir una mayor suerte. Hablo de ese ángel de la guarda que en alguna ocasión has creído tener. Cada persona es un mundo, y cada una se forja sus propias creencias. En el caso de los creyentes, es Dios quien protagoniza esos pensamientos. En el caso de los no creyentes, la diversidad hace acto de presencia.


Yo soy el Tim Burton de la creencia. A lo largo de mi vida he creado numerosos personajes y escenarios, mayoritariamente distópicos. He llegado a imaginar que vivía merced unos seres superiores dominantes. Como si formara parte del videojuego Los Sims, y dichos seres fueran los artífices de mi buena o mala suerte. También he imaginado que era el protagonista de un programa televisivo similar al de El show de Truman. Sí, así de egocéntrico fui en algún momento. Pero también he llegado a depender por un yo del futuro. Como si fuera mi propia marioneta. 


Ahora mismo, mis creencias giran en torno a mi difunto abuelo. Como si él estuviera ahí arriba, peleando diariamente con un ser maligno. Cuando gana él, las cosas que no están en mi mano salen bien. Y cuando sale derrotado, no puede evitar que aquel ser desconocido me desparrame mala fortuna.
Pero, como la mayoría de nosotros, también he llegado a aceptar la presencia de Dios. Lo reconozco. He crecido en una sociedad volcada a la religión. La aconfesionalidad de nuestro país no negó la presencia de elementos pertenecientes a la religión durante nuestra infancia. ¿A quién no le explicaron cómo Moisés subió al Monte Sinaí para hablar con Dios, y para que este le explicara qué debía hacer con su pueblo? A veces imaginamos esa ayuda necesaria para seguir adelante. A veces imaginamos ese ser irracional. A veces somos Moisés. 

No estamos tan alejados de la religión, por más que algunos de nosotros lo neguemos. La religión vino a nuestras vidas para quedarse. Si tú hubieras crecido en la selva, aislado de la sociedad y de cualquier tribu practicante, seguramente sería otra la historia. Pero como dudo que me esté dirigiendo a Tarzán, permíteme que dé por hecho que tú también has creído en Dios, como mínimo, una vez en tu vida. Y que a día de hoy sigues confiando en tu propia fe. 

Hablo de circunstancias sumidas al todo o nada. De situaciones críticas en las cuales hemos buscado recibir un impulso divino. Por lo tanto, negar la existencia de Dios tras haber creído en él en alguna ocasión es un acto controvertido. Y negar la creencia de algún tipo de fe es, en muchos casos, un acto hipócrita. 

Podemos ser todo lo racionales que queramos. Podemos seguir al pie de la letra lo que la ciencia explica. Pero no somos puros. Hubo un momento en el que alguien nos arrojó unas gotas de fe, y ahora ya no nos podemos deshacer de ellas. Somos una paleta mezclada.


Entonces, ¿seguro que existe el ateísmo puro? ¿A pesar de encomendarnos a cualquier especie de divinidad, seguimos siendo ateos del todo? ¿Porque no empezamos a emplear un término medio? Propongo dejar de lado la hipocresía de considerarnos no creyentes mientras sí creemos en algo, y empezar a denominarnos como creyentes a tiempo parcial.

·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·

Recuerdo que el diseño de mi blog sigue siendo el que es para recordar que las mujeres no tienen un solo día, sino todo el año. Este diseño lo confeccioné el pasado 8 de marzo de 2020, en honor al 8M, y seguirá en la página de manera indefinida para recordarte que hoy, mañana y pasado mañana las mujeres también son importantes. Que no se le olvide a nadie

Comentarios